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Paracas, Reserva natural
octubre 31, 2016
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Salimos desde Lima haciendo Autostop para llegar a Paracas. Nos costó un poquito al principio, pero por suerte el gimnasio donde dormíamos estaba justo al lado de la carretera Panamericana, anduvimos 5km bajo el sol mañanero hasta llegar a una sombra y allí hicimos turnos para sacar el dedo pulgar hasta que conseguimos que dos jóvenes nos ayudasen en nuestra empresa.

Llegamos a Pisco y buscamos un hostal donde alojarnos, para planear con calma y conseguir provisiones antes de entrar en la reserva natural. Después de dejar las mochilas, nuestro primer paso siempre es explorar el mercado. Al volver al hostal, negociamos con la señora de recepción que nos guardara las mochilas los próximos días que pasaríamos en Paracas. Todavía nos reímos al recordar que le tuvimos que pagar  “por las molestias de ocultárselo a su jefa”, lo mejor, es que fue la dueña quien nos las entregó a su regreso.

Nos levantamos bien temprano para hacer la compra y tener comida para pasar un par de noches en la reserva. Más o menos nos llevamos lo siguiente:

  • 2kg de avena
  • 4 aguacates, cebolla y tomate para hacer guacamole.
  • Una papaya gigante
  • Varios plátanos y manzanas
  • 1 paquete de crackers (galletas saladas)
  • Unos 12 bollos de pan
  • 6 litros de agua
  • Cereales de chocolate (Totálmente innecesarios, pero dan gustito al cerebro)

Reserva Natural de Paracas

Tomamos la combi que nos dejaba en la valla de la reserva natural, y tras pagar la entrada de 10 Soles al guarda, echamos a andar. Lo primero que vimos fueron las marismas llenas de flamencos, y seguimos caminando hasta el centro de interpretación. Entramos al museo un rato, y nos refrescamos. La mayoría de personas que hacen esta ruta, la hacen en bici o en taxi privado, pero nosotros somos un poco cabezones, y decidimos recorrer los 8km de desierto que nos separaban de el lugar para acampar.

Playa roja, Paracas

 

No nos cruzamos con nadie más, y el trayecto fue realmente bonito. Pasamos playas y dunas, y al fin llegamos a la llamada Playa Roja. En esta playa, La arena tiene un color cobrizo que crea un contraste impresionante con las amarillas dunas y el mar. Justo al lado, el primer pueblito pesquero.

 

Playa roja, Paracas
Playa Roja, Paracas

 

Paramos a comer, sentados en el suelo del puerto. Varios pescadores llegaban con sus barcas, y todo se lleno de pelícanos que esperaban poder robar algún trofeo que otro. Lo comprobamos y sí, también les gustan los cereales de chocolate.

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En el último tramo, cruzamos una especie de cementerio de leones marinos. Había un montón de cuerpos de estos animales repartidos por la playa, como si hubiesen salido todos al mismo lugar. Seguimos adelante un kilómetro más y llegamos a nuestro destino La Playa de la Mina. Una cala donde nos bañamos con pelícanos, y montamos la tienda protegidos del viento.

Solo había una tienda más, y al anochecer los pocos bañistas que quedaban se retiraron.El cielo se llenó de estrellas y preparamos un montón de Guacamole para cenar bajo ese techo. Con el estómago lleno nos fuimos a dormir. Los tres compartimos tienda, porque dejamos la mayoría de nuestras pertenencias en el hostal de Pisco. Algo apretaditos, pero cuando la temperatura bajó, lo agradecimos mucho.

Durante toda la noche, sentimos como Ibon no paraba de moverse, pero no le prestamos mucha atención. Al despertar, nos lo encontramos dormido en la arena y con el cuerpo ardiendo. Nos pidió que lo lleváramos al hospital, porque había pasado la noche vomitando. En medio del desierto, a las 7am, no teníamos ni idea de como sacarlo de allí y nos asustamos. Quejándose, pero Ibon logró seguirnos hasta la carretera, donde por suerte, unos turistas madrugadores pasaban en taxi.

Nos despedimos del paisaje  de Paracas por la ventanilla mientras el conductor aceleraba. No vimos las islas Ballestas, y sentimos verdadera lástima. Pero ahora, con más perspectiva y algo de humor, sabemos que la imagen de Ibon en calzoncillos rebozado en arena no tiene precio.

 

Reserva natural de Paracas

 

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