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Pisco y turismo de hospital
abril 27, 2017
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Primero y antes de que leaís este pequeño percance en nuestra aventura, queremos repetir, que viajar siempre es una aventura que vale la pena

Conseguimos sacar a Ibon de la reserva natural de paracas, y ardiendo de fiebre lo llevamos al hospital. Allí lo tratarón con suero y antibióticos y nos recomendaron quedarnos en la ciudad a descansar. Así que negociamos con la pensión unos días más.

Cuando Ibon comenzo a recuperarse, fue Izar el que comenzo a tener mareos y vomitar. Y yo, una vez más con el teléfono en al mano, llamo al seguro y a un tuk tuk para ponernos en marcha al hospital.

Vuelta a la aventura del hospital de Pisco

No he detallado mucho nuestra primera experiencia con Ibon, pero en resumen: Para conseguir que nos atiendan primero hay que esperar cerca de una hora en la sala de espera llena de urgencias con un calor infernal. Una vez que comienzan a tratar al paciente, cada vez que una enfermera necesita una jeringa/ medicamento/ termometro/ papel higienico/ jabón, tenemos que ir corriendo a la farmacia a por el número de referencia. Después, a administración a pagar la factura. Depués a la farmacia de vuelta a recibir el producto en cuestión. Y después, vuelta a correr para darle todo a la enfermera.

Tras varias carreras, ingresan a Izar,  con el tratamiento puesto y nos quedamos a esperar en la sala de espera a su recuperación. Al rato llega un niño con una herida horrible en la cabeza, y unos 8 familiares gritando al rededor. Menudo lio para lo que lo atiendan (ellos también se pegan sus carreras de lado a lado rellenando papeles y facturas).

En un ratito más, entra una señora con un carrito de helados. Va de consulta en consulta mientras los médicos y enfermeras andan por los pasillos con un polo en la mano. La situación era realmente cómica.

Llevamos más de 2 horas esperando, y solo vemos médicos correr de un lado a otro. De pronto me hacen pasar , y la enfermera me dice – “El médicamento le ha provocado una reacción alergica a tu compañero, casí se nos va, he estado apunto de intubarlo porque no respiraba…puedes pasar a verlo.” – Todo tacto.

Y claro, casí me caigo para atras. Me encuentro con Izar, pálido, cuando me ve me mira y me dice – “Casí me muero.”- y se echa a reír. Me dejan estar 10 minutos con él y me doy cuenta de que esta empapado en sudor. Salgo a poner al día a Ibon, para que vaya al hotel a por ropa y comida, porque parece que pasaremos la noche allí.

Ibon vuelve con todo, y hacemos tiempo hablando con los familiares del resto de pacientes que nos dan animos, y nos van contando varios desastres médicos… En fin, nos resignamos y volvemos a reír a carcajadas cuando vamos a la administración a solucionar los papeles del seguro. Nos los encontramos  a todos comiendo perritos calientes en la oficina (seguro que acababa de pasar alguien con un carrito de comida).

A la noche el hospital se va vaciando, y como no queremos dejar a Izar solo, decidimos dormir en la sala de espera. El hombre de seguridad se apiado de nosotros, y nos buscó unos cartones para dormir en el suelo.

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El Alta y vuelta  a la ciudad

Al día siguiente, dierón el alta a Izar, que estaba debíl pero se encontraba mejor. Nos dimos cuenta de que no lo habian cambiado de ropa, seguía empapado y estaba hecho un desastre; Pero se reía, estaba feliz de salir de allí y quería que mandasemos su foto (daba pena) del día anterior a nuestros amigos para darles un susto. Izar es así, que le vamos a hacer…

Volvimos en tuk tuk a la ciudad. Los próximos días los pasamos descansando y haciendo viajes al mercado a por bandejas de arroz blanco para todos.

No tenemos muchos recuerdos turísticos de la ciudad, pero desde luego, fue toda una aventura.

 

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