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Diario de Viaje
Frontera de Ecuador y Perú por Macará
octubre 5, 2016
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Llegar a Macará no fue fácil. Estábamos decididos a hacer autostop a toda costa, dado a nuestras últimas cuentas de presupuesto.

Conseguimos salir de Loja sin problema, y estuvimos en 2 coches más. Cuando nos recogió una pick up empezó a llover. “No pasa nada” nos dijimos, ” estamos teniendo suerte y avanzamos rápido“.  Tal y como estaba planeado esperamos y esperamos, hasta que un hombre nos ofreció la parte trasera (casi maletero) de una camioneta. Saco de dentro a un señor que estaba allí dormido antes que nosotros y le dio un lugar dentro del vehículo. Los tres nos acurrucamos entre sacos de hortalizas mientras desplegábamos la lona para no mojarnos. Curvas y curvas, de espaldas a la carretera  y a velocidad vertiginosa, decidimos dormir para dejar de pensar en el minúsculo espacio que compartíamos  a oscuras.

Nos despertamos de golpe cuando el coche paro, y asomé por la lona para ver si habíamos llegado. Vi a un militar con cara de pocos amigos y retrocedí. Nos miramos siendo conscientes de lo que aquello iba a parecer; a oscuras en un maletero, con mochilas, en dirección a la frontera. Genial.

-¿Lleva algo o a alguien más? -Fui a abrir la lona para explicar la situación y casi nos damos de bruces.

Nos miro con el ceño fruncido y extendió la mano para que entregáramos los pasaportes. Al ver que era un pasaporte español sonrió de oreja a oreja y sin ni siquiera abrirlo dijo en voz alta al conductor ¡Adelante amigo, buen viaje!

Nos quedamos en shock, y cuando volvimos a ponernos en marcha reímos a carcajadas de puro nerviosismo. El Malinchismo nos salvó.

Llegamos a Macará y buscamos el cuartel de bomberos para conseguir un sitio donde acampar. Por suerte la ciudad era pequeña, y lo encontramos sin problema. Nos dijeron que muchos viajeros solían dormir en el aeropuerto militar, pero nos echaron de allí en 10 minutos. Llenamos las tripas y fuimos al ayuntamiento a probar suerte. El conserje, que era el único que quedaba ya allí, nos ofreció dormir en la entrada del ayuntamiento, ya que había vigilancia nocturna toda la noche.

Nos echamos al suelo y nos acurrucamos en los sacos sabana (hace un calor espantoso) para intentar evitar a los mosquitos. Pasamos nuestra primera noche durmiendo en la calle, en la puerta del ayuntamiento de Macará mientras más de un curioso venía a observarnos.

Nos levantamos y recogimos las esterillas en cuanto salió el sol. Desayunamos arroz con menestra y empanadas y tomamos un taxi colectivo hasta la frontera. El trámite nos costo unos 10 minutos, ya que eramos los únicos visitantes del lugar. Cruzamos a pie el puente que separa Ecuador de Perú, y rellenamos los papeles necesarios. Tanto la salida de Ecuador como la entrada en Perú nos fueron totalmente gratuitas. Tampoco necesitamos visado.

Al otro lado de la Frontera – Perú

Mientras llenábamos los papeles, un hombre de unos 60 años llego para cruzar la frontera. Le pedimos que nos llevase en su coche por unos kilómetros, pero se escabullo con cara de miedo. Ya casi estábamos en el desierto Peruano y no sabíamos como avanzar. De pronto el hombre volvió, nos dijo que había ido a la comisaría a preguntar si era legal recoger autostopistas, y nos sonrío mientras afirmaba con la cabeza.

En cuanto subimos al coche y empezamos a hablarle, empezó a reír y nos dijo: – Pensaba que erais gringos, y tenía miedo de no entendernos un carajo.

 

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