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El Precio del Oro
diciembre 23, 2015
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Estábamos haciendo autostop cuando se nos echó la noche encima y tuvimos que quedarnos en un pueblo sin nombre. En cuanto nos acercamos al pueblo y dejamos nuestras mochilas en el suelo, un grupo de hombres curiosos se vino a presentarse. De pronto, todos estaban dispuestos a dejarnos un jardín o terreno que otro para que acampásemos seguros.

Muy agradecidos, decidimos comer algo y ponernos en marcha a casa de Don César, al borde del pueblo sobre la carretera. Nada más echar a andar, la gente de las casas del camino se nos presentaba y querían invitarnos a una cerveza para saber más de nosotros. No pudimos resistirnos y así fue como conocimos a Marcela y sus compañeros.

Resultó que aquel pueblo se llamaba Providencia, era un pueblo que vivía de la minería artesanal. Donde más de 600 personas trabajan día y noche en busca de oro para alimentar a sus familias. Marcela era una de entre menos de 70 mujeres mineras, y junto con su pareja y un amigo trabajaban en común en la mina para conseguir un sueldo, que les permitiese vivir algo mejor que el sueldo mínimo de Colombia; que apenas llega a 200 euros.

Mientras conversábamos nos dijeron que en ese mismo momento, parte de los mineros del pueblo estaban extrayendo oro en el lavadero. Hay varios lavaderos en el pueblo, y todos los mineros deben pagar un alquiler al dueño para poder utilizarlo en cada una de las lavadas semanales. Pedimos que nos llevasen, y lo que vimos allí fue la ruda forma y peligrosa en la que lo hacen.

Primero meten en unos tambores giratorios, llamados cocos, la piedra y arena que han extraído en la mina. Toda esa piedra se muele con grandes bolas de metal mientras va girando durante 2 horas. Cuando termina el primer proceso, vacían el tambor y lo vuelcan sobre un cubos de agua.

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Aquí es donde empieza la peor parte; utilizan mercurio para separar el oro de la arena.  Vierten el mercurio en el cubo y lo remueven una y otra vez con las manos sin ser conscientes de que es una sustancia altamente tóxica. El mercurio atrapa las partículas de oro y los mineros van recogiendo la sustancia con una especie de plato metálico. Una vez que juntan toda esa sustancia, la meten en un trapo que utilizan como colador, y presionan hasta conseguir una pepita de oro expulsando la mayor cantidad de mercurio posible.

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Toda esa agua se vierte al río, siendo la minería artesanal una  las primeras causas de contaminación de los ríos de Colombia, un despropósito ecológico.

El espectáculo nocturno que tuvimos aquella noche fue impresionante. Pero la peligrosidad del proceso no es el único problema que tienen los mineros. Ahora es una gran compañía Canadiense la que ha comprado los permisos para extraer oro en la zona, y quiere expulsar a todos los mineros artesanales. La empresa llevará cerca de 4000 trabajadores propios creando así una urbanización privada que multiplica por 1o la población del pueblo.

Ofrece a los actuales mineros una ridícula indemnización de 70.000.000 pesos por el trabajo de su vida y un puesto por 6 meses en la empresa.  Los mineros tienen claro que esos puestos de trabajo desaparecerán en cuanto termine el plazo acordado y quedarán en la calle.

El gobierno no mueve ficha; no hace nada por la educación de estos pueblos, que a la vez de un peligro para ellos mismos, son un peligro para las aguas y fauna de Colombia. Sabe la peligrosidad y las condiciones en las que trabajan estos mineros pero no regulariza la situación. No crea ningún programa de educación, ni genera ningún apoyo a la batalla con la que se están enfrentando los mineros.

Para ellos, solo cabe esperar que la compañía siga cavando a miles de metros de profundidad para extraer cantidades masivas de oro, y a ellos los dejen arañar la superficie para poder comer.

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