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El Caficultor Colombiano
enero 13, 2016
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La historia de Don Leo nos ha hecho reír y llorar.

Llegamos a Buenavista gracias a la recomendación de las chicas de Casa Quimbaya Backpackers Hostel en Armenia. Leo nos recibía en la cafetería del pueblo para empezar su recorrido. Nos enamoramos; durante 3 horas lo vimos lleno de motivación empujando de su proyecto.

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Sabíamos que teníamos que volver a ese lugar  y eso nos trajo de vuelta, para estar casi un mes con esta familia.

Don Leo ha sido campesino desde los 7 años. A esa edad ya recogía café de finca en finca. La parte buena, es que aún, el trabajo de caficultor era un trabajo digno.

Después llego la bonanza cafetera a partir del ’76. Los dueños de finca empezaron a plantar cultivos de forma masiva y en consecuencia a doblar el número de empleados. Para ellos construyeron barracones en el exterior de la casa, donde el cafetero dormía en el mismo saco en el que recolectaba durante el día. Ellos se enfrentaban al frió, a los insectos y a las condiciones higiénicas más inhumanas.

Los campesinos empezaron a huir de la situación; a la guerrilla, a los paramilitares, al narcotráfico… fueron las condiciones de esclavitud las que lo provocaron.

En aquel entonces a Don Leo le tocó ser campesino itinerante y subir al norte a plantaciones de coca y mariguana mientras dejaba a su mujer y su hijo a la espera. Trabajaba como leñador en la parte superior de unas plantaciones de mariguana cuando la guerra de esta planta estalló también. Los dueños de esas parcelas empezaron a matarse unos a otros por aquellos terrenos. Leo tenía allá 17 compañeros; sobrevivieron dos.

Con su hamaca siempre al hombro, no podía dormir dos veces el mismo lugar. Cuando podía, transportaba los cadáveres de sus amigos para poder enterrarlos. El resto del tiempo, solo quedaba huir.

Las noticias corren como la pólvora y su familia supo que todos los trabajadores de aquel terreno habían muerto. Velaron a Leo, porque por desgracia en aquella época pocos recuperaban los cadáveres de sus familiares, estos acababan en las cunetas.  Lo que no sabían, es que nuestro Leo, un pequeño cocodrilo Dandee, llevaba 3 meses huyendo y trabajando para sobrevivir. Pasaba unos días trabajando donde podía, y volvía a la carrera. Completamente solo, cazando y recolectando llegó caminando hasta su casa. La cara de su familia no tuvo precio.

Finca La Alsacia
Finca La Alsacia

Por desgracia esta aventura forzosa, hizo mucha mella en Leo, y tuvo que recurrir a un centro psiquiátrico para deshacerse de los delirios de persecución. Pero él es un hombre fuerte y en un año volvía a ser el mismo hombre divertido de siempre, aquel que se ganó el apodo de “El Paisa Grosero”.

Desde aquella época, Leo no ha podido dejar de soñar. De soñar con dar ejemplo y demostrar que para vivir bien, no hace falta pisar al de abajo. El vendió todo lo que tenía para comprar su finca; La Alsacia. Ahora es un gran ejemplo para muchos. Donde el trabajador recibe la misma comida y come en la misma mesa que el patrón. Los trabajadores, nuevos integrantes de la familia, duermen en la casa con habitaciones individuales. Don Leo creemos que es, el único jefe del mundo que se levanta a la 5 de la mañana para hacer el café a los trabajadores.

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Para poder seguir con esta gestión en la casa, ellos no venden sodas al doble de precio a los trabajadores. Lo que se hace en La Alsacia es mucho mejor; contar su historia. Don Leo se llenó de valor, y se puso frente a viajeros para crear un tour auténtico, al que llaman Caficultur. Un tour que refleja la vida del caficultor. Una historia y un café de primera calidad, que se exporta en miles de pequeñas maletas con el nombre de Hane Coffee.

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Fotografía principal de Diego Martínez, hijo de Don Leo.

 

 

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