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El azúl de la costa atlántica
enero 7, 2016
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del 8 al 17 de diciembre

Llegar a la costa del caribe Colombiano no fue fácil. Tras salir de Bucaramanga en una buseta sin haber conseguido hacer autostop (después de más de dos horas) llegamos a Aguachica, pagando un 2×1 en el billete, 35.000 pesos. Allí fue más fácil y un chico nos hizo un aventón de 1 hora de trayecto dejándonos en un peaje. Un camionero nos recogió y tras unas horas de trayecto nos dejó a unos 450Kms. de Bucaramanga, ya estábamos en el ultimo peaje para llegar a Santa Marta a menos de 100Kms. Esa noche la pasamos en la tienda de campaña en el peaje, con la ayuda del personal de ambulancia que también pasaban allí toda la noche. La mañana siguiente, conocimos a Sergio, otro hombre que llevaba un camión a Barranquilla, nos invitó a desayunar y nos acercó cerca del cruce entre Barranquilla y Santa Marta.

Esa misma mañana llegábamos a Casa del Ritmo en el Rodadero, cerca de Santa Marta, un hostal muy chévere. Esos días aprovechamos para conocer la playa, muy fea, rodeada de edificios altos, y sin nada especial. Volvíamos a estar en una especie de Cancún, una ciudad invadida por el turismo. Como un pequeño oasis, en el hostal teníamos un montón de viajeros, iguanas que se colaban a desayunar con nosotros y música en directo. Además la misma semana en la que estuvimos allí el hostal tomo dos decisiones geniales: han dejado de usar todos los recipientes plásticos en su bar y han convertido su cocina en un área exclusivamente vegetariana :)

hamburguesa vegetariana
Hamburguesa vegetariana de lentejas, lechuga, pico de gallo, guacamole y nachos.

Santa Marta no tiene mucho que ofrecer, es una ciudad muy turística con poco que ver, pero nos sirvió como campamento base para viajar a La Guajira, la punta del norte de Colombia. La costa no es especialmente bonita, todo lo que puede ofrecer son sus alrededores, como el Parque Tayrona. Por desgracia, también este ha sido colonizado. Los indígenas de la zona pidieron su cierre por un año para limpiar y descansar la tierra, pero solo les concedieron 6 meses. El costo de la entrada para el turista asciende a 40.000 pesos. Nosotros decidimos no entrar, y buscar nuestro trocito de playa azul en otra parte.

Tras pasar unos días en Casa del Ritmo decidimos ir hacia Playa Blanca, que se encuentra cerca de Cartagena.

En Santa Marta, hay que agarrar un bus en Zuca, es un lugar donde salen muchas busetas, para Barranquilla cuesta 10.000 pesos. En Barranquilla se coge otro bus para ir a Cartagena por 12.000 pesos (de esta manera ahorras 5000 pesos por persona).

Cartagena en temporada alta es una auténtica locura de turismo y precios desorbitados. La cama en habitación compartida queda a unos 50.000 pesos (normalmente duermes por 20.000) y la ciudad se llena a rebosar.

Una vez llegados a Cartagena, en el CAI de Ceballos se agarra otro bus, por 1.900 pesos hasta Pasacaballos. Allí hay dos opciones, para ir a Playa Blanca, Barú: En moto, poco aconsejable si se lleva mucho bulto, cuesta 10.000 pesos, son 30 mins. de trayecto. Si se hace al atardecer el camino es precioso. La otra opción es agarrar un taxi colectivo, algo más caro. Y suele terminar el servicio a las 17:00 horas. Cuando llegas al parking, bajas a la playa, y allí eliges. Hacia la izquierda, hostales y hoteles, cómodos y por lo tanto caros. Y hacia la derecha, cabañas, hamacas y lugares donde poner una tienda de campaña.

Nosotros caminamos a la derecha hasta encontrarnos con Pacho Bay, es un “hostal” donde puedes poner la carpa por unos 8.000 pesos (si regateas, al inicio por supuesto es el doble). Con la tienda bajo el techo de Pacho tienes acceso al servicio, pero el cubo de agua para ducharte, son 3.000 pesos. Si caminas hasta el fondo de la playa, como 30 minutos, puedes acampar de forma libre, pero si vas a pasar varios días, y lleno de gente como está, agradecerás tener un baño que no cueste 2000 pesos la entrada.

playablanca
Zona de Acampada Libre

Allí pasamos 2 noches, paseando, buceando entre aguas cristalinas, tomando algún cocktail que otro…No es un lugar muy caro, y los turistas solo están durante unas determinadas horas del día. El mayor problema es la falta de agua dulce, y el acceso a la comida. No hay en toda la playa una pequeña tienda donde poder comprar, así que es aconsejable ir bien surtido.

Salimos de allí precisamente porque se nos agotó la comida. Las motos nos llevaron hasta Pasacaballos y la aventura volvió a comenzar; era plena huelga de transportes y no teníamos como salir de allá.

 

 

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